Quise darte una última oportunidad. Intenté hablar contigo para comprobar que mis impresiones de estos últimos meses eran falsas. Traté de reconocerte como mi compañero, y a la vez, como mi compañía. Deseé sentir que eras mi soporte y que tenía tu apoyo.
Quise darte una última oportunidad, e invitarte a almorzar. Lo hice. Te llevé a nuestro restaurante preferido. Nos alejé de la rutina y nos puse en un escenario tranquilo. Invertí mi tiempo y mis emociones para estar nuevamente contigo.
Quise darte una última oportunidad y contarte nuevamente lo que me ha estado pasando. Lo hice. Empecé diciéndote lo enferma que he estado durante los últimos meses. Continué confesando que me estoy muriendo, que me siento sola, que ninguno de los catorce especialistas que he visitado ha podido descifrar lo que tengo. Terminé aceptando que tengo miedo de morirme, que la incertidumbre me carcome viva, que ya no puedo dormir, ni comer, ni pensar, ni vivir… ¡ya no puedo ni vivir! Todo mi tiempo, mis pensamientos y mis sentimientos están invertidos en este malestar que tengo.
Quise darte una última oportunidad y que volvieras a ser parte de mi vida. Te abrí la puerta, pero no quisiste entrar. Gruesas lágrimas rodaban por mis mejillas mientras te hablaba con la voz entrecortada. Y tú, tú solo veías tu celular. Nunca me devolviste la mirada, ni intentaste conectar conmigo. ‘No es para tanto, supéralo’ – fueron las únicas palabras que salieron de tu boca.
Quise darte una última oportunidad y contradecir a quiénes me dijeron cientos de veces que no te importaría. No te importó. Tu falta de interés fue un knock out certero que golpeó mis esperanzas y las estrelló contra el suelo.
Quise darte una última oportunidad y amarte a pesar de todo -y de todos-. No pude hacerlo. Me levanté de la silla. Me quité el anillo que me habías dado tan solo siete meses atrás y lo puse sobre la mesa. Limpié mis lagrimas con mi mano derecha, y me fui caminando lentamente hasta salir del restaurante. Nunca alzaste la mirada. Seguiste embebido en tu celular. Sabías que me estaba alejando y elegiste no reaccionar.
Quise darte una última oportunidad, pero tú no la querías. Nunca la quisiste.